NO CIERRES TUS OJOS, MARIE
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Marie, caminaba por uno de los rincones secretos de la ciudad de Greenville, a su paso, contemplaba con melancolía lo que había ocurrido con su querido hogar, con lo que alguna vez llenó su corazón de alegrías y personas a quien amar. Pero hoy, todo había sido destruido, aquellos recuerdos, aquel vivir.
Destrozada por aquel acto indiferente, Marie se sentó bajo uno de los árboles del jardín más cercano, maldiciendo y llorando ante la frialdad de aquellas personas. Fue entonces, cuando un anciano se detuvo a su lado entregándole su pañuelo y, con una voz poseída por la calma, le cuestionó el motivo de sus lágrimas.
-¿Por qué lloras, Marie?-
La joven, no pudo contener su pena, y repudió a todo aquello que la rodeaba. El anciano, basto en sabiduría, posó sus manos sobre los pequeños hombros de la joven Marie.
-Marie…- replicó – No permitas que tus lágrimas y tu pena te impidan ver el camino que hay frente a ti, sé que las personas suelen ser crueles… sé que duele cuando te rompen el corazón… pero también sé, que no vale la pena desperdiciar parte de este valioso tiempo en repudiar a otras personas…-
La joven, bajó la mirada al suelo húmedo y sollozó que su mayor deseo era nunca haber vivido ¿Para qué vivir? Si al fin y al cabo, todos tenemos el mismo destino. Confesó haberse extraviado y no creer en el destino ni el amor, aquello que tan sólo forja una falsa ilusión…vivir engañados, transitando todos por una misma y estrecha senda, tropezando y cayendo…Si tan sólo somos coincidencia y existimos por mera casualidad, sólo nacemos para morir.
El anciano tomó asiento en el húmedo suelo, y recogió uno de los tantos pétalos que caían de las flores del árbol y exclamó:
-Mira, Marie… no está bien menospreciar un pétalo de flor, por más pequeño que te parezca que sea. Dime, pequeña, ¿qué ves en este pétalo?-
-Sólo una parte de la flor de ese inmenso árbol- exclamó la joven.
-En este pétalo, yo veo el Mundo- Prosiguió el sabio anciano –Desde un extremo al otro, veo lo maravilloso que es…quién diría que forma parte de algo mucho más grande… Lo que trato de decirte, Marie, es que el Mundo está plagado de bellezas y tesoros a la vista de todos, pero…al parecer, las personas cada día cierran más sus ojos ante ellos. Dicen no creer en el amor; cuando nosotros, así como los frutos de una planta, somos frutos del amor, pero no el amor que se compra por tv o se encuentra en la gran internet… sino otro tipo de amor, aquel que hace que el Mundo gire, aquel que llevas en tu corazón y permanecerá contigo hasta el día que mueras.
Jovencita, no llores porque las cosas no suceden como desearías, guarda tus lágrimas para otra ocasión…hasta entonces, sólo contempla y transita tu propio camino, que ningún camino llega por sí solo por mera coincidencia, porque, las coincidencias no existen. Todos estamos por algo: para vivir nuestra propia vida, amar y aprender de ella.
Nuestro Mundo es hermoso, Marie. No dediques todo tu tiempo a vivir del recuerdo; deja que el tiempo sea así como el viento, aquel que llega y acaricia tu rostro. Tienes mente y tienes alma para sentir y hacer, tienes piernas firmes para poder caminar y ponerte de pie cada vez que tropieces… que nada te impida lograr tus sueños, por más pequeños que sean, haz lo que te haga feliz, y estate agradecida de ello. Estas rodeada de misterios y grandezas, las más grandes maravillas se esconden frente a tus ojos y si los empañas de melancolías no las podrás ver. Todo es demasiado perfecto, para ser mera coincidencia… ¿No te parece?-
-¿PERFECTO?- indagó Marie, secando sus lágrimas con el pañuelo.
-Desde la más pequeña porción de materia, hasta la vida misma… ¿No lo ves? Desde el fruto que cae para morir en el suelo, es ese mismo el que pronto traerá nueva vida… al descomponerse no sólo sirve como alimento para otros seres vivos, sino también que pronto dará paso a la semilla que espera paciente en el interior de aquel fruto para poder ser… Perfecto como el amanecer y la luz del sol; perfecto como la Luna misma, esa que influye en el mar para que genere su oleaje, así también como el sentimiento que genera el beso de una madre a su hijo o el valor que te da un hermano al tomar tu mano en determinada situación… La naturaleza es muy sabia, y la sociedad, es un intento del hombre para adaptarse a ella… No esperes que todo sea perfecto, porque los seres humanos somos así…solemos cometer errores y también… sabemos PERDONAR…-
Con un beso en la mejilla de la joven, el anciano se despidió para marcharse mientras Marie sostenía en sus manos el pañuelo con que había secado sus lágrimas de dolor. Al voltear para saludarlo, el anciano había desaparecido junto con la tarde que se iba muy de a poco detrás de los cerros; una brisa acarició el rostro de la muchacha que, suavemente, sonrió… Luego de que aquellas sabias palabras aliviaran su corazón.
Por: Débora EmbeR
"No Cierres tus Ojos, Marie"
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